África  | 05/05/2014

Amanece en MOREMI



Amanece en Moremi. Al salir del lodge, esperan alrededor de 5.000 kilómetros cuadrados de naturaleza salvaje llena de canales, isletas, papiros, amarulas, matorrales y acacias. Enfrente, el sol asciende de forma rápida, como si temiera quemar el horizonte, y de banda sonora, a lo lejos, o no tanto, el rugir de leones, las carcajadas guturales de los hipopótamos y el tintinear metálico de las ranas campana. Es Moremi, una reserva natural en el delta del Okavango, la mayor desembocadura interior de un río en el mundo, que termina diluida bajo el desierto del Kalahari. Moremi es una de las mayores atracciones de Botswana.



Se llega a Moremi desde Maun, por tierra en todoterreno o por aire en avioneta. Para entrar en la reserva hay que atravesar la Buffalo Fence, 3.000 kilómetros de valla que rodean parte del Okavango para evitar la propagación de la fiebre aftosa, que en el pasado causó problemas a las hordas migratorias de búfalos, cebras y ñús.



Por los caminos, lo habitual es ver aves, antílopes (impalas, kudus, springboks...), cebras, jirafas y jabalís. Lo difícil y excitante es buscar a los depredadores, y para ello hay que contar con la habilidad del guía para interpretar huellas, sonidos y reacciones en otros animales. Al amanecer y al atardecer, cuando el sol da un respiro, es el momento de salir con el 4X4 de safari, y es importante agudizar los sentidos, por si vemos a un leopardo sentado sobre un termitero, un grupo de leonas a la sombra de una acacia o una jauría de perros salvajes.

     
     

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