¿Qué ver? | Maldivas

 

Malé

Pequeña, singular y densamente poblada, Malé (pronúnciese Marlay) no puede considerarse un emplazamiento espectacular, pero se trata de una capital muy suya. Esta urbe, limpia y ordenada, posee mezquitas, mercados, un laberinto de callejuelas y mucho encanto. Aunque en ocasiones pueda parecer una aletargada localidad rural, surgen nuevos edificios por doquier y la localidad parece estar a punto de reventar. La isla de Malé posee unos 2 km de longitud y una anchura de 1 km, y rebosa edificios, carreteras y algunos espacios abiertos bien aprovechados. Oficialmente, cuenta con 65.000 habitantes pero, añadiendo los trabajadores extranjeros y los visitantes procedentes de otras islas, esta cifra puede ascender a cien mil; de hecho, es la impresión que ofrece. La isla ha duplicado su tamaño mediante la recuperación de terrenos; las islas cercanas han adquirido funciones determinadas, como de aeropuerto. Existen proyectos para desarrollar otras islas y reducir la presión que se ejerce sobre Malé.
Entre los modestos atractivos de la urbe, figura el Museo Nacional, que expone caóticamente objetos pertenecientes al sultán y diversas muestras de los hallazgos arqueológicos realizados por Thor Heyerdahl (numerosas esculturas antiguas y figuras de piedra aparecen en su libro El misterio de las Maldivas). En las proximidades de la institución cultural yace el agradable parque del Sultán, así como la imponente gran mezquita del viernes, que destaca en el perfil de la ciudad.
Más de una veintena de mezquitas aparecen diseminadas por la población, aunque algunas se limitan a una sala de coral con techo metálico. La más antigua, la Hukuru Miski, es célebre por sus intrincadas piedras esculpidas. Un largo panel, tallado en el siglo XIII, conmemora la introducción del islamismo en Maldivas, mientras que, en el exterior, un cementerio alberga la tumba de Abdul Barakatul Barbari y las lápidas de antiguos sultanes.
Entre los restantes puntos de interés, figura el bazar Singapur, un conglomerado de comercios que disponen de objetos de artesanía local de calidad y un surtido de bagatelas para turistas, ya sean locales o importadas. También destacan los establecimientos especializados en artículos de ferretería, pesca y mercancía general para proveer a las poblaciones de la zona. En los numerosos salones de té, los hombres maldivos degustan las comidas breves (pequeños tentempiés), fuman, mascan y charlan.

 

Seenu (Atolón Addu)

Puede considerarse la segunda ciudad de Maldivas; su centro turístico se ha convertido en el mejor punto de partida para visitar las tradicionales comunidades isleñas maldivas. Los addu son muy recelosos de su independencia. La principal influencia sobre la historia moderna de Addu se focaliza en las bases británicas que se establecieron en la isla de Gan, durante la II Guerra Mundial, como parte de la defensa en el océano Índico. En 1.956, los británicos establecieron una base de la Royal Air Force como puesto avanzado estratégico durante la guerra fría. Contaba con un personal permanente de unas seiscientas personas que alcanzaba las tres mil en los períodos de mayor actividad. Construyeron puentes y carreteras que unían las islas de Feydhoo, Maradhoo e Hithadhoo, y utilizaron como mano de obra a numerosos lugareños. En 1.976, los británicos abandonaron la base, pero muchos de sus empleados, que hablaban un buen inglés y tenían experiencia trabajando para occidentales, estaban bien cualificados para participar en lo que pronto sería una industria turística en auge. El desarrollo turístico en Addu ha tardado en despegar, pero se ha instalado un complejo turístico en las antiguas dependencias de la Royal Air Force en Gan y, en la actualidad, se encuentra adecuadamente enlazado con la capital mediante un nuevo vuelo de Air Maldives. El Ocean Reef Resort se aleja del prototípico paraíso tropical de una isla maldiva, pero la antigua base militar le confiere un toque único. Gan está unida mediante puentes a las islas vecinas, y resulta sencillo y agradable desplazarse por ellos en bicicleta, lo que permite visitar las poblaciones de la zona y conocer las costumbres y cultura de sus gentes.

 

Atolón Norte, Sur y Ari

La mayoría de los visitantes se dirige a Maldivas, se alojan en uno de los establecimientos situados en los tres atolones próximos a la capital, el atolón del norte de Malé, el atolón del sur de Malé y el atolón Ari. La calidad del alojamiento y la comida guarda una estrecha relación con el precio; ninguno de los complejos turísticos de Maldivas puede considerarse impropio. Algunos disponen de habitaciones modernas similares a las de un hotel, otros han sido diseñados siguiendo parámetros más rústicos, con techos de paja y suelos de arena. Los establecimientos más espaciosos y económicos atraen preferentemente a una clientela joven, en su mayoría solteros, suelen disponer de un estilo informal y atestarse de clientes con ganas de divertirse. Los más diminutos son más íntimos y cómodos, y pueden resultar más atractivos para las parejas y los recién casados. Todos los complejos ofrecen submarinismo, pero algunos son reconocidos destinos para buceadores avanzados.

 

Fuamulaku

Esta isla solitaria en medio del canal Ecuatorial puede considerarse una especie de anomalía en Maldivas. Aparece excepcionalmente fértil: produce frutas y verduras que no crecen en otras zonas del país, como mangos, naranjas y piñas. Se dice que sus habitantes son más altos, saludables y longevos.

 

Kudahuvadhoo

En el atolón del sur de Nilandhoo, la isla de Kudahuvadhoo cuenta con uno de los misteriosos túmulos conocidos como hawittas. Probablemente se trate de los vestigios de templos budistas, pero es necesaria una mayor investigación por parte de los arqueólogos. Thor Heyerdahl, tras explorar la isla, comentó que su antigua mezquita albergaba uno de los ejemplos más bellos de mampostería que hubiese visto jamás. Su asombro se intensificó al descubrir esta obra maestra en una isla tan apartada, aunque en el mundo islámico este territorio ya era célebre por sus lápidas bellamente talladas.

 

Atolón Baa

El atolón Baa es reputado por su artesanía, que cuenta con obras pintadas al duco y felis (sarongs tradicionales) de algodón finamente tejido. El pequeño y remoto atolón Goidhoo ha constituido un enclave para náufragos y exiliados. El explorador francés François Pyrard arribó en 1.602 tras el hundimiento de su embarcación, el Corbin.